El Místico

viernes, 10 de noviembre de 2017

Internet por luz, papel piedra, espuma de vidrio: Argentina se abre a la "economía azul"


Internet por luz, papel piedra, espuma de vidrio: Argentina se abre a la "economía azul"

Wi Fi que transmite datos a través de la luz. Papel confeccionado a partir de los desechos de la actividad minera. Espuma de vidrio para la construcción como resultado del reciclado de botellas.A mitad de camino entre el presente y el futuro, son algunas de las innovaciones sustentables que podremos experimentar en breve, si es que encuentran terreno fértil en nuestro país. 

"Es la hora de despertarse", arenga el emprendedor Gunter Pauli, quien desde 1994 preside la Fundación ZERI (Zero Emissions Research and Initiatives) y creador de la denominada Economía Azul, que propone métodos de producción inspirados en la dinámica de los ecosistemas de la naturaleza.

Pauli está en Buenos Aires para presentar, junto con el ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, un puñado de proyectos "azules" con posibilidades de ser implementados con éxito en nuestro país. En ese scanneo de selección se tomaron en cuenta, entro otros factores, la disponibilidad de los recursos locales, la velocidad y la escala a la que podría desarrollarse, los socios y emprendedores locales y el acceso al capital. 

"No queremos hacer las cosas un poco mejor. Queremos transformarlas. Porque a pesar de los esfuerzos realizados a través de tantos años, no hemos logrado cambiar las estadísticas", explica. El conferencista belga sabe de primera mano que el camino del desarrollo económico, innovador y sostenible no es un camino de rosas. 

"En mi país instalé hace varios años una fábrica totalmente sustentable, y decidí pagar a los empleados un extra de u$s 5 por cada kilómetro que hicieran en bicicleta en su camino al trabajo", recuerda. Pero enseguida tuvo problemas legales, porque el fisco le reclamó que no había hecho los aportes impositivos sobre ese dinero extra. Como se negó a abonarlos, fue condenado. Aunque al cabo de un año obtuvo una victoria, modesta pero inolvidable: el Gobierno dispuso que las empresas podían comenzar a deducir de sus impuestos el pago a los trabajadores que viajaran hacia sus empleos en bicicleta. "¡Gané!", apunta.

En su camino de testeo recorrió la Argentina de norte a sur y de este a oeste, consultando con científicos e inversores la viabilidad de cada proyecto. La posibilidad de fabricar espuma de vidrio resultó una de las más claras. "Solo tuvimos que visitar un vertedero en Tierra del Fuego para darnos cuenta de que la idea puede funcionar", señala Pauli. Allí encontraron miles y miles de botellas descartadas sin ninguna utilidad a la vista, que podrían ser recicladas para fabricar este material, con probadas propiedades como aislante y de gran utilidad para la industria de la construcción. "Para tener una idea, con 5,5 millones de botellas al año ya se puede montar una fábrica de vidrio reciclado. Argentina tiene potencial para instalar 12 fábricas", resume. 

El papel piedra fue otro de los proyectos escogidos, factible en un país con fuerte desarrollo minero, porque no se fabrica con celulosa sino con los desechos que se extraen de las canteras de piedra caliza. Ese polvo muy fino, mezclado con una resina no tóxica da como resultado un producto de gran resistencia y suavidad al tacto, ideal para utilizar, por ejemplo, en packaging o folletería. No es necesario talar árboles ni emplear cloro, porque no hay que blanquearlo, el proceso no emite gases tóxicos y no necesita agua, lo que lo hizo muy popular en China, afectada por la escasez de este elemento. Por eso Pauli sostiene que "China inventó el papel y ahora lo reinventó". En nuestro país ya están avanzadas las conversaciones con una de las grandes empresas papeleras que, además, habrá reparado en los exiguos costos de su fabricación, la mitad que los del papel tradicional. 

Pero el que concitó la mayor atención de la presentación llevada a cabo en un hotel porteño fue Suat Topsu, profesor en la Universidad París-Saclay, quien solo debió acercar una lámpara a un pequeño parlante para que comenzara a sonar un breve fragmento de un concierto de violín. El Li Fi esconde un truco simple y genial: un codificador recibe la señal de internet y la envía a una lámpara LED, que transforma la información en parpadeos lumínicos. "Los datos de internet son archivos binarios, es decir, compuestos por series de 0 y 1. Por supuesto, nosotros no podamos percibir esos millones de parpadeos de luz por segundo, pero los dispositivos sí", detalló Topsu. 

En un segundo paso, el decodificador interpreta cada impulso lumínico y envía la información. "Es la luz la que lleva la música al receptor", simplifica. Unas 200 veces más rápida que el Wi Fi, ahorra un 80% de energía y elimina las ondas de radio, lo que representa una conexión segura en hospitales para evitar cualquier indeseada interferencia con los equipos médicos. También es útil, por ejemplo, en la geolocalización de trabajadores en minas subterráneas. Aunque para su implementación definitiva en los actuales smartphones o tablets será necesaria una adaptación o actualización del software. 

Otros proyectos consisten en desarrollar un sistema a mar abierto de cultivo masivo de macroalgas para obtener biogás, en aprovechar de un modo sustentable las fibras de vicuñas y guanacos siguiendo las técnicas de la cultura coya, y en producir proteínas y micronutrientes mediante larvas de moscas a partir del aprovechamiento de residuos orgánicos.


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