El Místico

martes, 1 de abril de 2014

La abadía de Télème

Nacion.com

PÁGINA QUINCE

GUILLERMO MALAVASSI

La abadía de Télème

 Muchas personas se graduaron de la escuela que dice: “Haz lo que quieras”

Filósofo
Se atribuye a Plutarco esta advertencia tan decisiva en educación: eduquemos al niño, para no tener que castigar al adulto.
Un obispo enseñaba: dadme un niño hasta los siete años y yo responderé por él a los veintiuno.





Si se adquiere el sentido del deber, la práctica de la virtud desde el comienzo de la vida, la persona no quedará mostrenca. Sin embargo, si no se acude a tiempo y en forma cabal, las personas quedarán a merced de sus inclinaciones más elementales, haciendo muy difícil la convivencia humana.
“Haz lo que quieras”. Lo grave es que ha habido quienes, una y otra vez, se empeñan en dejar que los seres humanos crezcan mostrencos. Uno de los casos ya clásicos más fuertes es el de Rabelais. Aunque como monje primero y como médico después fue persona respetable en su forma de vivir, sin embargo en su Gargantúa y Pantagruel dejó plasmado su modo de estimular un género de vida –el pantangruelismo– que consiste en satisfacer todas las exigencias de la naturaleza librada a sus impulsos. Cabría decir, a la naturaleza sin la gracia y sin la educación.
Cuando en uno de los libros de su obra manda construir la abadía de Télème, magnífico castillo destinado a la vida en común de jóvenes de ambos sexos, hermosos, ricos, bien nacidos, los deja sometidos a la única regla de esa casa: “Haz lo que quieras”.
Y desde hace un buen tiempo le llegó esa hora a buena parte de nuestra nación y a otras naciones; mucha gente sigue esa única regla: hacer lo que quieren. Así, si quieren robar vehículos, roban vehículos; si quieren robar celulares y computadoras, lo hacen. Si quieren asaltar, asaltan; si les place asesinar, asesinan. Si quieren evadir el pago de impuestos, lo hacen. Si se quiere nombrar más gente de la necesaria en cargos públicos, cargando innecesariamente la planilla nacional, se nombra más gente de la cuenta; si hay que nombrar centenares de asesores innecesarios en alguno de los poderes del Gobierno, aunque eso encarezca la vida al resto de la sociedad, se los nombra.
Si los educadores no quieren cumplir sus graves deberes educativos, los dejan de cumplir. Se hacen convenciones colectivas contra la Ley y la Constitución, porque la gente hace lo que le da la gana. Si quieren endeudarse temerariamente, lo hacen porque les da la gana. Si quieren vivir promiscuamente desde niños, así lo harán, porque les da la gana.
No se cumplen los graves deberes respecto de Dios, del prójimo, de la naturaleza y de uno mismo, porque no le da la gana a la gente atender esas obligaciones.
Los terroristas causan inmensos daños y profundo dolor, porque les da la gana. Los consumidores de drogas comenzaron a usarlas, porque les dio la gana.
Algunos manejan borrachos y en forma temeraria, porque les da la gana.
Urge otra educación. Ello indica que muchas personas se matricularon en la abadía de Télème y, al graduarse tempranamente en ella, parecieran hallarse muy satisfechas con la “enseñanza” allí recibida: haz lo que quieras. Y la han seguido al pie de de la letra.
De modo que, si se quiere que las cosas cambien, hay que matricularse en otra parte, en donde se enseñen el deber y la virtud en forma temprana y como debe ser.
Si se quiere seguir siendo discípulos de esa abadía, que nadie se queje por los resultados de ladrones, asesinos, choferes temerarios, evasores de impuestos, burócratas sin conciencia y otras conductas de gente de mal vivir. El que quiere la causa, que quiera el efecto.

* * *

No hay comentarios:

Publicar un comentario