El Místico

domingo, 24 de noviembre de 2013

La atmósfera de nuestros tiempos


La atmósfera de nuestros tiempos
por
Patricia May Urzúa

Entiendo que el espíritu que anima a las diversas manifestaciones sociales que se han dado durante el 2011, desde Hidroaysen, a las uniones civiles, a las antenas de celulares, a las reformas en la educación tiene que ver con una cuestión transversal, con el emerger de la necesidad de una “nueva atmósfera vital”, pluralista, diversa, integradora, inclusiva, incluso más amable y alegre, donde las personas buscan calidad de vida, relaciones de colaboración donde todos tengan cabida y no sólo algunos, donde se busque el bien mayor de la mayoría.
Las manifestaciones se fundamentan en personas más conscientes,(exceptuando por supuesto los actos vandálicos de una minoría) en seres humanos informados, conectados, organizados, conscientes de las inequidades y distorsiones que ha generado una cultura basada en el dinero y el mercado como valores centrales del vivir.
El espíritu de los tiempos que se abren tiene que ver con una cultura en que el valor es desplazado desde lo cuantitativo a lo cualitativo, hacia una calidad de vida integral, relaciones más conscientes y colaborativas, hacia una actitud abierta y de reconocimiento del valor de la diferencia.
Las protestas tienen que ver con un malestar en relación a la atmósfera de la sociedad patológica que hemos creado, competitividad excesiva, éxito económico, stress, una vida centrada en la productividad y el consumo, una vida de correr y correr tras algo que nunca se alcanza o que si se alcanza no produce la felicidad esperada, una vida que nos aliena de un sentido más profundo, donde la ambición por el poder económico, y la concentración de este produce inequidad crueles diferencias y exclusiones.
Pero estos son solo los síntomas, lo que hay detrás es una manera reduccionista de entender al ser humano, como una entidad que consume y produce y que tiene valor sólo en cuanto es un buen recurso productivo y eficiente al servicio de un sistema económico mundial al cual hay que hipotecar la vida, la energía, la salud, incluso la alegría de vivir.
La vida entendida como una escalada constante, del crecimiento interminable, donde se arrasa con todo, los recursos naturales, la dignidad, la verdadera calidad de vida con tiempo para el afecto, la imaginación, la nutrición interior, el auténtico disfrute. Donde las preguntas sobre el sentido de la vida, qué de verdad nos importa son colaterales o reprimidas puesto que estorban el funcionamiento del sistema.
Pero esto jamás podrá llenar al espíritu humano, quizás nos haya obnubilado por un tiempo, pero nuestra naturaleza, nuestro ser integral reprimido inevitablemente nos está llamando a Ser y expresar Todo lo que somos. Personas, no consumidores, personas que necesitamos tiempo y espacio para ser lo que somos, cuerpo, mente, espíritu. Afectividad, Imaginación, Creatividad, Disfrute, Espiritualidad, Propósito, Sentido. Cualquier enfoque cultural que reprima todos estos aspectos está condenada al fracaso y las generaciones emergentes lo tienen claro, quieren tener un trabajo digno, que les permita realizarse y les deje tiempo para vivir la vida de pareja, familia, para generar redes y uniones creativas, para educarse y realizarse, para tener la oportunidad de expresar lo mejor de sí y darlo al medio.
Tengo también la impresión que si bien las autoridades entienden las peticiones concretas no están “vibrando” con los aires de los nuevos tiempos y eso se siente como una falta de sintonía con la gente, un sentimiento generalizado de que la mayoría de ellos “está en otra”.
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NOTA: Patricia May Urzúa, se recibió de antropóloga el año 1979 y desde entonces trabaja haciendo clases, talleres y grupos de reflexión sobe evolución, sentido de la vida y tradiciones espirituales de distintas culturas.

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Agradecemos al Sr. César Lillo Arellano, por este artículo

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ver página web:  http://www.patriciamay.cl/

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