El Místico

miércoles, 27 de marzo de 2013

El pasado "caníbal" de nuestra Vía Láctea


El pasado "caníbal" de nuestra Vía Láctea


Por Jessica Shugart, especial para CNN

Nota del editor: Jessica Shugart estudia un posgrado en comunicación de la ciencia en la Universidad de California en Santa Cruz.
(CNN) — Miles de millones de años después de darse un atracón caníbal, nuestra galaxia, la Vía Láctea se delató por las rancias migajas que dejó.
Los astrónomos de la Universidad de California en Santa Cruz usaron datos del Telescopio Espacial Hubble para encontrar las migajas: antiguas estrellas que se cree son los restos de una galaxia enana que nuestra hambrienta Vía Láctea absorbió cuando era aún joven.
El hallazgo respalda la hipótesis de que la Vía Láctea creció al atraer a galaxias más pequeñas y reclamarlas como propias.
Los investigadores descubrieron las estrellas mientras analizaban datos de la galaxia Andrómeda, el próximo objeto enorme al que la Vía Láctea está destinada a devorar. En unos 4.500 millones de años, ambas galaxias se encontrarán y formarán una galaxia espiral aún mayor (¿Lactómeda?).
Para que los astrónomos se enfocaran en las estrellas que se encuentran en Andrómeda, tuvieron que ignorar a las molestas estrellas que orbitan en los confines de nuestra galaxia. “Entonces, cuando se publicó ese estudio (de la galaxia Andrómeda), básicamente pregunté acerca de su contaminación”, dijo Alis Deason, la investigadora de posdoctorado que encabezó el nuevo estudio.
Las estrellas proscritas existen entre millones de estrellas que forman un halo alrededor de la Vía Láctea. Mientras que nuestro sistema solar está a unos 25,000 años luz del centro de la galaxia, estas estrellas expulsadas se esconden a 80.000 años luz del centro.
Deason y su equipo examinaron siete años de material de archivo obtenido por el Hubble para encontrar las estrellas que los demás habían descartado. Esperaban identificar los restos de una “cáscara galáctica”, una estructura que se ha visto alrededor de otras galaxias y que indica un pasado caníbal.
“Básicamente, el halo es una mezcla de estrellas procedentes de otras galaxias, usualmente galaxias enanas (...) La razón por la que es interesante estudiarlas es que conservan la memoria de sus condiciones iniciales”, dijo Deason.
Finalmente, el equipo se concentró en 13 estrellas que viajan a lo largo del halo. Su presencia allí, junto con otros miles de estrellas, no fue lo que indicó su importancia. Fueron sus trayectorias las que revelaron su pasado extranjero. A diferencia de las otras estrellas del halo, que se mueven de forma radial alrededor del sector exterior de la galaxia, estas estrellas parecían estar suspendidas.
“Cuando estudiamos estas 13 estrellas, que están tres veces más lejos de lo que se ha estudiado, descubrimos que el movimiento lateral era bastante prolongado”, dijo Deason.
Su movimiento tangencial indica que alguna vez formaron parte de otra galaxia que la Vía Láctea se comió hace miles de millones de años, como si se tratara de los pececillos que quedan después de que una ballena se traga al resto del banco.
“Al observar sus velocidades y posiciones espaciales, podemos tratar de descubrir de qué satélites procedieron estas estrellas y cuándo entraron a la galaxia”, dijo Deason. “Es un eslabón para descubrir la historia de acumulación. Por eso estudiamos el halo”.
Estas estrellas extranjeras también proporcionarán información útil acerca de nuestra galaxia. Al monitorear sus movimientos, que están bajo la influencia de la atracción gravitacional de nuestra galaxia, podríamos obtener mediciones más precisas acerca de la verdadera magnitud de nuestra galaxia.
Como la mayor parte de la masa de nuestra galaxia consiste en materia oscura —una forma misteriosa de materia que no puede verse—, la danza de estas estrellas de halo errantes podría ser la clave de la composición de nuestra galaxia.
Deason y su equipo enfatizan que necesitan ubicar más estrellas flotantes para confirmar el acto caníbal de nuestra Vía Láctea, pero que la existencia de esas 13 estrellas atípicas indica que hay un halo de claves ocultas acerca de los primeros días de nuestro vecindario galáctico. Deason espera adquirir datos del Hubble obtenidos de diferentes sectores y distancias para reunir entre 600 y 700 estrellas de halo y hacer mayores estudios.
Cuando algún día se crucen los caminos de la Vía Láctea y Andrómeda, nadie sabe si nuestro sol se alineará con el nuevo orden galáctico o si trazará su propio camino en el halo.

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